Te miro directo a los ojos. Agarro tu cara en mis manos.Te beso. Mis dedos adiestrados trazan las curvas de tu cuerpo suavemente y luego mi boca recalca las líneas con sutil intento. Caemos en la cama sin miedo ni delicadeza, y en ese entonces es que un deseo tornado en ganas se hace acto y ese acto se desenvuelve en placer. En esa cama es que pasamos la noche sin dormir ni descansar, sin tan siquiera pensar en separarnos por un instante antes de encontrar una manera de pegarnos más. Las explosiones de divino placer retumban a través de las paredes y despiertan a todo aquel que intentaba dormir, pero no importa, lo único que importa es tu sonrisa y la mía.
