«Hola bella.» le dijo él sin mirar hacia su dirección. «Traté de no hacer ruido cuando entré, te quería sorprender.» dijo ella, rindiendose ante la derrota. El le dio un beso en el cachete, y dijo «Mi amor, con ese olor tan perfecto que llevas puesto, te pudiera encontrar en un grupo de veinte personas sin intentarlo.» y era verdad. Ella siempre tenia un perfume específico que a él le encantaba, era de una marca francesa y olía fuertemente a rosas. Le hacía recordar tantas cosas buenas al oler de ella cada día cada vez que entraba al cuarto: el día en que se conocieron y que con tan solo sentir su presencia, oír su voz, y oler las rosas tan solo una vez, él sabía que ella le iba a cambiar la vida; el dia que fue a la casa de ella a conocer a su familia y ante el bombardeo de emociones y nervios ese aroma fue lo que lo mantuvo tranquilo, el dia que hicieron el amor por la primera vez y ese olor a flores quedó impregnado en su cama hasta el sol de hoy, cada beso y cada sonrisa que los sigue, cada «te quiero» y cada promesa cumplida. Más que nada le recordaba de lo mucho que él la amaba a ella, y que quería pasar el resto de su vida junto a su amada así que sonriendo pensando en todo esto le cogió la cara tiernamente, y dijo «Tú eres la cosa más bella que nunca podré ver, la luz de mis ojos cegatos. Te amo mas que nada en este mundo…» y entonces se puso en una rodilla frente a ella y sacó un anillo «…me darías el placer de poder llamarte mi esposa?» Ella comenzó a llorar de la alegría, y estos dos se dieron un beso suave y apasionado y fue un momento tan perfecto que por un instante el juraba que podía ver igual que oler las rosas.

Great writing, good to be surprised!
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