Yo supe que quería escribir cuando me di cuenta que, desde que comencé a hacerlo, dejé de querer ser “el próximo…”
Siempre había querido ser el próximo fulano de tal, el próximo gran esto, el próximo genio en lo otro. Pero esas aspiraciones no estaban basadas en nada que tuviera que ver conmigo, pues esas comparaciones no iban a ser hechas por mí, sino que eran cosas que yo quería que otros dijeran. Yo quería que gente sin nombre me rindiera elogio por mi excelencia en un campo equis, el cual ni tan siquiera me interesaba más allá de dicho elogio. Yo quería ser una estrella, no un artista. Sin embargo, cuando empecé a escribir, todo aquello se desvaneció y no pensé en nada más que expresarme. De momento, no quería ser el próximo Marquez ni Cohelo, Hemingway ni Bradbury, Shakespeare ni Sorkin, Neruda ni Catulo; sin querer hacerlo ni darme cuenta de lo que hacía, dejé de querer ser una xerografía exacta de mis ídolos y me dejé desenvolver como yo. Por eso es que sigo escribiendo.
Yo no quiero ser como la gente que leo, al contrario, quiero ser su colega y que mis palabras hagan diálogo con las suyas en la conciencia de lectores compartidos.
Esto es un texto corto y personal, pero lo que quiero decir con ello es que yo espero que tú, querido lector, en lo que sea que hagas, no trates de ser nada ni nadie que no sea tú en tu mejor forma. Ser tú se supone que sea suficiente, así que quédate donde te sientas cómodo siéndolo.
