Palabras perennes

Si yo fuera a, bueno, no yo, pero si alguien fuera a pasar el trabajo de medir en centímetros cada plumazo que yo he aplicado plasmando palabras en mis libretas a través de los años, ¿cuánto mediría? ¿Para qué daría tanta tinta, si fuera utilizada para algo “importante”, en vez de revoluces recontados, inspirados por recuerdos perdidos? Si se fuera a reaplicar del todo en un solo texto, ¿daría para resumir mi vida?

Yo solo quiero ser suficiente, y si para sentir que lo soy debo hacer demás pues que así sea. Quiero ser la persona que tú ves mi silueta, y preguntarme a mí mismo ese “¿Cómo lo haces?” que oigo salir de tu boca, o aunque sea entenderlo porque al momento mi respuesta es un sencillo “No lo hago.” Quiero mirar hacia atrás de aquí a treinta años y sentir que hice bien, que, a pesar de todo, lo logré. Quiero que mis libretas se acaben más rápido de lo que pueda comprar nuevas y que, cuando sea que muera, que alguien se siente con el cajón de hojas manchadas con garabatos aletrados que yo no haya quemado y se pregunte “¿Cómo coño este loco escribió tanto?”, que diga “Aquel escribió como si se le acababa el tiempo, hasta que se le acabó.”

Quiero dejar atrás, más que nada, estas palabras perennes para que alguien las lea, aunque sea una vez, y me recuerde.

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