Extraño la manera en que tu cuerpo y el mío encajan en la cama, como un rompecabezas. Y no hablo sobre cuando hacemos el amor, aunque también, sino sobre cuando nos acostamos a dormir. Sabes a lo que me refiero, ese sentimiento inigualable asegurados que estamos donde pertenecemos, que no queremos a más nadie porque con nadie más lo vamos a encontrar. De eso se trata, del momento antes que caemos dentro de nuestros sueños, que compartimos esa paz delirante entre despiertos y dormidos, cuando quizás más vulnerable estamos pero sin temor porque aún cansados estamos juntos. Ese calor que inunda tu ser durante la noche entera, no hay nada como ello. De todo, eso es lo más que echo de menos en este exilio encuarentado encerrado apartado de ti. Ahora que me encuentro obligado a acostarme a dormir sin sueño, con frío, solo, solo quiero dormir en tu compañía, las curvas de mi cuerpo encajando con las del tuyo.
