Aislamiento, soledad y un desespero
tan familiar como respirar
durante esta cuarentena
prolongada, estirada y alargada
como un chicle masticado.
Como un disco rayado,
se repiten vagamente los días
sin uno saber tan siquiera
distinguir hoy, de ayer, de mañana.
Encuarentados estamos,
enviando cartas desde las casas
con besos adjuntados,
deseando el recomienzo de la vida
aunque ella bien sigue viviendo.
Queremos que todo mejore
sin cambio,
pero
poco a poco,
nos vamos dando cuenta
de que todo ya cambió.
