Noches nostálgicas

Días encuarentados siempre terminan en noches nostálgicas. Cuando el sol se lleva con él las jornadas repetitivas, sale la luna con su luminoso insomnio. El mismo lleno de pensares consistentemente incoherentes, sonámbulo por más soñoliento que uno pueda aparentar. Se quiere salir, así sea tan solo en los sueños, así que en el prólogo a la madrugada, cuando uno aún no ha encontrado la manera de dormirse, se atraviesa la oscuridad del cuarto con mirada fija para irse en un viaje viendo el techo. Es ahí que uno puede ser completamente plenamente honesto consigo mismo, cuando la mierda que decimos deja de importar y nos encontramos rodeados por recuerdos de tiempos vividos queriendo volver a ellos, además de la infinidad de posibles probabilidades de lo que aún no hemos visto. Son enloquecientes, esas visiones de tiempos lejanos al que estamos, pero igual son el escape involuntario que nos deja salir a pasear por un tiempo, por más que le quisiéramos poder ignorar.

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