Yo escribo mucho y hablo más, a veces publico algunas de estas cosas. En ello, intento presentar las palabras más lindas, las que yo crea que le puedan hacer sentir algo a quien tome el tiempo de leerme. Pero la verdad es que, a pesar de la multitud de palabras que he publicado, la real belleza y verdadera emoción se encuentran dentro de las no publicadas. Las cartas dirigidas a ti, las que te envío por correo, las que te leo por teléfono todas las noches, las que te digo a la cara mirándote a los ojos cuando estamos solos, las que te dicto delante al mundo sin miedo a quien me oiga, las que ni tan siquiera te digo, las que imagino cuando sueño de día mirando por la ventana pensándote, las que te dedico posterior a su aparición lírica a través de la radio, las que te transmito sin pronunciarlas antes y después de cada beso, las que te repito una y otra vez, con las que te levanto cada mañana y con las que me despido cada noche, las que me arriesgo a susurrarte al oído cuando no debo, las que con mi lengua te escribo sobre la piel cuando hacemos el amor, las que te murmuro enlagrimado cada vez que te dejo en el aeropuerto y las que te exclamo risueño cada vez que te recojo, esas son las que valen. Esas son las más genuinas, porque no requieren elocuencia; son las más lindas porque nadie más las lee; son las más enamoradas porque son para ti. Esas son mis favoritas, las que no publico, porque en ellas con decirte que te quiero y nada más basta y en ellas sin pensarlo lo digo.
