Te tengo ganas

Te tengo ganas. Pero quiero encontrar otra manera de decirlo.

Tengo antojo de tu piel, unas ansias por recorrer tu cuerpo con mi lengua y cubrirla con el sabor de tu delicia. Demencia tintada con vehemencia es lo que pinta el rostro risueño que llevo puesto. Por eso lleva tal característica, porque cada vez que pienso en ti se me agua la boca y me siento como si con una droga invadiéndome el cuerpo. Perdona la franqueza pero te quiero y es ahora mismo, no puedo negarlo.

Tengo hambre de ti, de tu delicadeza, tanto así que te quiero comer de desayuno todas las mañanas, de almuerzo y cena todos los días para entonces de postre volver a comerte y tener que chuparme los dedos cada vez que termine. Quiero saborearte con paciencia, lambucearte lentamente antes de devorarte con ternura y consumirte con placer porque ya cuando te tenga es para pasar horas demostrándote cuánto te quise de antemano. Tengo un antojo de ti que cada vez se hace menos antojo y más necesidad.

Llevo cargando con sed de ti y tu ricura desde la última vez que te probé; tan pronto mis labios se separaron de los tuyos para besar tu boca, siento nostalgia por tus íntimas profundidades. Tanto así que así sea y el destino haya sido escrito de tal manera que tú y yo se supone que terminemos aparte, me reuniría contigo en la cama de privado para reescribir una mejor versión del cuento sobre tu piel con mi lengua. Yo nunca quiero dejar ir este sabor divino de ti, jamás pudiera olvidarlo ni encontrar uno mejor.

Deja un comentario