La ironía de que todas las noches sueño con dormir contigo no se pierde en mí. Qué ridículo me siento cuando me levanto luego de haberme ensoñado que igual estaba acostado en mi cama, tal y como amanezco, la única diferencia siendo que estabas a mi lado. Aunque de “a mi lado” no tiene mucho, porque tú y yo cuando dormíamos, dormíamos tan pegados uno al otro que no había espacio para respirar al menos que compartiéramos el aire. Así que la diferencia realmente no viene siendo tanto la proximidad sino el calor, la suavidad y ternura que ya no se encuentran en el mundo de los vivos.
¿Por qué será que mi mente inconsciente me atormenta a través de mi subconsciente con recuerdos de cuando estábamos juntos? ¿Por qué mis sueños se han vuelto poco más que la realidad, tan cerca como para tentarme con un sueño pero tan lejos como para no parecerlo? ¿Por qué hay noches que aún me encuentro mirando al techo tras lágrimas en la soledad de esta cama vacía?
Ya siento que me repito por lo mucho que escribo lo mismo sin llegar a nada, o quizás enloquezco porque vuelvo a trazar las mismas palabras una y otra vez a ver si salen otras, porque sé que hay unas en particular que cuando las ponga a papel serán la pieza que falta para completar el rompecabeza que es olvidarte, el indicio para resolver el misterio que es tu recuerdo, la pista para descifrar el acertijo que es pasar la página que cada vez se vuelve más larga como una voluta inacabable interminable insólita inconscientemente intrusa e inolvidable, en sí, sin fin. Lo sé porque si no es así, entonces no sabría qué hacer, así que seguiré intentando.
