Lánguido, alagrimado

Desesperadamente extraño desvestirnos después de regresar a tu estancia intoxicados al final de la noche, y no por el placer de desnudarnos con dedos adiestrados recorriendo caminos conocidos. Lo extraño por lo cómodo que me sentía encontrándome completamente desnudo, desarmado y descubierto delante de ti. Extraño la intimidad, no el sexo; extraño el amor que sentía, no el que nos hacíamos. No sé qué hacer sin ello.

Por tanto tiempo, parte de mí fue definida por quererte. Esa es la parte que ahora contagia el resto y me torna así… lánguido, alagrimado. Estoy perdido, poco a poco recobrando el sentido de dirección sin compás que me guíe, mirando hacia las estrellas para que ellas me ayuden a atravesar esta noche larga.

Deja un comentario