Limerencia de liróforo

Decir que fue inolvidable no es suficiente. Fuiste tú. Tal lampo relámpago que quebró a la oscuridad que arropaba mi vida para alumbrarla como un fósforo escondido encendido de momento y de más por un lanzallamas. Fuiste tú. Así encendiste en mi corazón una fogata, limerencia de liróforo, amor de poeta, nostalgia de escritor cuyas ascuas han flameado de tal manera que de primera vista hasta ahora, luego del último beso, he dedicado cada uno de mis textos y cada una de las palabras que los componen a ti. Fuiste tú.

Tan letífico fue esa primera visión que, aún ahora, años luego no he dejado de sonreír; tan vuelto loco por lujuria de tal carácter que solamente se sabe sentir luego a haberse encariñado con enamoramiento a esa entidad a quién se le ata dicha lujuria que, aún ahora, años luego de aligerar tu lencería y lambucear tus labios con los míos, sigo saboreando el sazón de ti sobre mi lengua; tan lírico nuestro lanzamiento uno hacia el otro luego a encontrarnos, tan repentino, con tal confianza que ninguno pensó mirar hacia atrás mientras duró, tan largo el camino para llegar, con tal angustia que ambos ignoramos lo inevitable para poder compartir tan un momento de alegría.

Tan lánguido fue el lance de nuestra afición, tan poco duró, luego a ser soñado por tanto tiempo. Sin embargo, tan laceroso que ha sido el renadío, tan irónico que tal flechazo cupídico haya venido con tantísima promesa para culminar cumpliendo solamente con lágrimas que se encharcan en lavajos del tamaño de lagos; tan lamentable que ese lampo original, tan relampagueado como surgió, tan lentamente difumina.

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