Buenos días, princesa, aunque ya no amanezca al lado tuyo para poder dártelos, aunque no seas mía para llamarte princesa. Espero hayas dormido bien y despertado mejor, espero no te pese como a mí la carencia del amor que compartimos todas esas noches que pasamos despiertos hablando de cualquier cosa por no dejar de vernos las caras, todas esas mañanas que pasamos durmiendo tras cortinas cerradas por no soltar ese sentimiento que éramos los únicos dos seres en el mundo.
Mis mañanas no son las mismas sin ti, te juro que el alba no entra por la ventana de la misma manera porque sabe que no podrá caer sobre tu cara una vez adentro, que los pájaros no cantan igual porque saben que no los oirás al hacerlo, que yo despierto sin querer abrir los ojos porque sé que no te veré a ti al abrirlos. La promesa del día no es tan prometedora si no te incluye a ti, yo vivo dordmido, atravesando el mundo sonámbulo, vampíricamente andando caminando a escondidas del sol cuando salgo, zombificado, esperando mi segunda muerte. De todo, lo más que extraño es despertar contigo.
Mis noches no son las mismas sin ti, te juro que no duermo bien desde el día que te fuiste, sin el calor de tu cuerpo pegado al mío en la manera precisa que cabíamos juntos, sin ese olor a ti en las sábanas, sabiendo que si duermo solo soñaré contigo y con el fantasma de lo que tuvimos. La noche ha perdido el aire de vida que tenía al no incluir una visita tuya, ahora duermo despierto, desvelado dando vueltas sudadas en la cama por horas antes de cerrar los ojos, profesando mi amor por ti en mis sueños, dándote ese último beso una y otra vez, rogando que ninguno sea el último. De todo, lo más que extraño es dormir contigo.
Buenos días, princesa, aunque aún estés durmiendo, aunque ya no me leas.
