Olor a ti

Es imposible dormir con el olor a ti en el que está bañada esta cama, tan pronunciado que es casi caricaturesco, como si te hubieras dragado entre las sábanas de antemano para restregarlo en ellas solo por torturarme. Me enloqueces elocuentemente con tal heder de tu hermosura, dulzura dolorosa del enamoramiento viejo que se apodera de mí. Dulce por su pureza pero dolorosa porque jamás de mi boca ha salido una mentira tan grande como cuando digo que no te quiero. Pero, obligado a seguir mintiendo, me delato con la mirada que por más que intente disimular, telegrafía todo aquello que no puedo decir en voz alta. Dichas vistas de reojo y a escondidas son mi escape, el único alivio momentáneo de la secrecía mientras espero que una de esas noches que hablamos hasta el amanecer se te escape alguna semblanza de una seña que tú igual que yo sientes las ascuas encenizadas por aquel beso prohibido que nos dimos. Esas noches, ya sean llenas de esperar desesperadamente unas palabras que quizás nunca oiré, las prefiero a estas; porque en ellas no duermo, contigo, mientras que en noches como la de hoy, hasta en tu cama duermo solo dentro de la huella de donde una vez estuviste tú, oliendo la estela de tu cabello, invitado como amigo solamente, lamentando mi anhelo por tanto más.

Deja un comentario