Miedo a escribir

    Hay veces que sentarme a escribir me da miedo. Días que amanezco con una idea y las ganas de transcribirla en algo épico, mi magnum opus que me traiga prestigio y engrandezca mi nombre, esos son los días que le temo al bolígrafo. Porque ya en ese caso no es solo escribir, es escribir algo grande, algo bueno, y pensar en sentarme a escribir algo bueno es horrorizante. Esto no es porque ya no lo haya hecho, perdone la modestia, sino es temor a intentar, verdaderamente intentar, hacerlo conscientemente y no poder. El horror es tratar de probar que soy lo que me creo y no llegar a ello. Mi miedo es quedarme corto luego de haber comenzado, sea por falta de talento o voluntad; o, peor aún, terminar la obra y luego darme cuenta de lo mala que es. Temo que algún día alguien realizará que yo no soy un escritor, que llevo años suertudos haciendo el aguaje de serlo; o, peor aún, llegar a esa conclusión yo mismo, que la falacia era de mí para mí y que llevo todo este tiempo haciéndome creer mis propias delusiones. Me preocupa la idea de ser redundante, que al tratar de ser genuino diga cosas que ya se hayan dicho mil veces; o, peor aún, reiterar las mismas ideas, regurgitadas y reorganizadas, en cada pieza que escribo, que todo lo que se lea mío sea igual que lo último. Le temo a no ser suficiente, a no ser digno de los lectores que tengo y los que quiero. Esos temores, esos miedos, son los que me paran de escribir muchos días, como si estuviera enjaulado por mis propios pensamientos. Pero quiero cambiar eso, quiero aprender a romper las barreras de mi mente y dejar de pensar tanto, sentir lo que sienta y simplemente escribirlo sin preocuparme por lo que vaya a terminar siendo, soltar esas ideas a que respiren en vez de tenerlas atrapadas en mi cerebro. Veremos a ver si me atrevo, al menos eso espero ver.

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