La chica del traje amarillo

    Déjeme contarle sobre la chica del traje amarillo. Tenía el pelo corto de un marrón caramelo, ojos claros en los que un hombre se pudiera perder por años, y una sonrisa perlada que le haría dejar de llorar a cualquiera. Llevaba puesto un traje corto y pegado a su piel que enmarcaba cada curva sutil de su cuerpo, estaba hecho de alguna tela suave y era del color de un girasol. Por más sencillo que haya sido el traje, nunca lo olvidaré; no por el traje sino por la mujer tan preciosa que lo llevaba puesto, dicen que la modelo ayuda pero eso era algo ridículo, quisiera que la vieras para que sepas lo que es hermosura verdadera pero no puedo, ni tan siquiera su nombre sé. Nunca me lo dijo ni yo a ella, pero aún sin ello me enamoré de ella esa noche. Un hombre sabio una vez escribió: “¿Qué hace a una rosa? Pues eso que conocemos como rosa, bajo otro nombre, olería igual de dulce.” y en la misma vena de amores shakespearianos digo que al mirarla por primera vez mis ojos le preguntaron a mi corazón si había alguna vez amado hasta ese entonces, porque la verdad es que nunca habían visto belleza real hasta que cayeron sobre ella. Y aquel día aprendí lo que era el amor bailando y bebiendo champaña con aquella mujer todo una noche, risas intermitentes salían de conversaciones íntimas entre extraños por horas incesantes. Jamás había pasado un tiempo tan bien como aquel, pero tristemente este cuento no lleva un fin alegre. Fue cuando fui a besarla que salió la verdad de sus labios, los cuales tuviera que soñar con tocar porque le pertenecían a otro. He ahí que el cielo se comenzó a quebrar y caer pedazo por pedazo de entre las nubes; y he ahí que me quedé parado por varias horas solo luego a que ella se fuera, pensando en lo que sentía; y he ahí que un pedazo de mi corazón se quedó, perdido entre aquel cielo caído sobre el piso. Me tomó un largo tiempo con poco más que unos recuerdos de un simple traje amarillo de dueña sin nombre, oliendo rosas sin saber cómo llamarles hasta por fin superarlas. Ahora es solo una historia que cuento cuando estoy borracho, con un poco de dolor en el alma.

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