Escucharte cantar es mi pasatiempo favorito porque nada me place más que oir a tu voz cautivante formar sus melodías bajo el sol del mediodía. Quisiera que tus cantos fueran la música de fondo de mi vida para vivirla bailando con alegría porque ¿qué es el amor si no dos voces cantando en harmonía? … En realidad… ¿qué es el amor? Yo escribo como si supiera, como si no tuviera que hacer la pregunta. Mis libretas están llenas de mentiras. Toda mi prosa conlleva un sentido de certidumbre sobre el enamoramiento como si yo pudiera definirlo y la verdad del caso es que no. Yo nunca me he enamorado y, te digo más, esa palabra “amor” no sé tan siquiera decir si es real o alguna falacia frustrada, algún embuste contado en cuentos de adas para sentir que tenemos algún propósito por hacer las cosas estúpidas que hacemos con la vida corta que se nos da. Si te soy honesto, yo quisiera escribir sobre cualquier otra cosa en la faz de la tierra imaginaria en que existen mis palabras. Esta tortura de solo poder hacer lo que me trae placer hablando de algo que no comprendo, ensayando sobre emociones que no entiendo, transcribiendo cuentos que no han pasado compuestos de palabras que nunca he dicho y sin poder comenzar a imaginar cómo se sentirían si fueran a salir de mi boca. Pero esto es lo que me sale, lo único que logro exprimir del bolígrafo al ponerlo sobre papel como si mi musa me escupiera en la cara antes de irse y dejarme con solo un tema sobre el cual pensar. Y si fuera que nunca he tratado pero no, hubo una vez que senti lo más cerca al amor que puedo recordar o imaginar pero se fue. No la emoción sino que ella, porque de la emoción nunca me he podido librar, fue ella la que se largó sin mucho más que un simple adiós. Es por eso que aun al cerrar los ojos escucho su voz cantandome, y por un segundo siento que estoy volando y que ella está a mi lado.
