Hay belleza abundante en el mundo.
El cielo tornado rosa por el sol puesto en un atardecer seguido por la luna llena que alumbra sobre un paisaje oscuro, el cielo negro cubierto de estrellas brillantes que resplandecen sobre el fondo infinito del espacio.
El cantar de los coquíes tarde en la noche cuando uno se acuesta dormir.
La sonrisa de un niño inocente que aún no ha visto la crueldad del mundo, un infante que duerme tranquilo en la noche.
El primer llanto de un bebé recién nacido que suena alto como celebración de una vida nueva y llena de posibilidades y oportunidades.
La primera lluvia de la primavera.
El concepto mismo del infinito incomprensible que acoge absolutamente todo dentro del todo que vemos y sentimos.
La mirada en la cara de alguien que mira a la persona que ama con mariposas en el estómago y las palmas de las manos sudadas.
Los ojos marrones.
Las flores de un flamboyan flotando sobre una brisa refrescante en medio del verano.
El rompimiento de las olas del mar en la orilla donde los niños juegan.
Una pintura maestra, una sinfonía majestuosa, una obra dramática, un buen filme, un cuento bien contado.
El orgasmo intenso de una mujer bella.
Hay belleza abundante en el mundo, cientas de razones para que uno sienta pasión por la vida que vive y miles de oportunidades para apreciarla.
