Huracán

    Me despertó en la madrugada el sonido de tormenteras tronando contra las ventanas cerradas. El susto que me entró ante ese ruido espantó cualquier semblanza de sueño que pude haber tenido esa noche. La lluvia torrencial que ocurría afuera se sentía adentro de la casa a través de las ventanas selladas en forma de llovizna bajo techo. El cielo se veía negro en la mañana, y en esa oscuridad diurna es que el huracán María hacía bailar a la isla de Puerto Rico. Con sus vientos de velocidades imprevistas, sus lluvias incesantes que arropaban la isla entera, su destrucción implacable que no dejó ni una esquina sin tocar. La tormenta dejó su marca en la isla para que los bisnietos de sus testigos oigan los cuentos de su rabia.

Deja un comentario