Mi musa, Venera

    ¿Por qué será que siempre termino escribiendo de ti? No importa lo que me pase ni lo que vea durante el día, siempre es tu nombre lo que termina impreso en la página. Eres más mito que mujer, una idea que me ha robado el corazón, a la que me entrego como a una religión, eres lo que me descuerda y lo que me vuelve a dar razón. Eres mi fuente de inspiración, mi musa que me hace rimar sin tratar de hacerlo, mi Venera aunque no eres mía. Desde el día en que te conocí no he podido volver a escribir de alguna otra cosa, y francamente me tienes harto porque ya no sé que es peor, esperar a una musa que nunca llega o ser maldecido con una que nunca se va. Quiero escribir de la vida, del tiempo, de la muerte, de la comida y la música, de los árboles y los pájaros, de lo que sea que no seas tú pero se me hace imposible. Nada de lo que escribo es bueno si no es de ti, ningún texto que sale de mis libretas hace sentido si no escribo esas seis letras que componen tu nombre aunque sea en metáfora. Te necesito pero necesito escaparme de ti porque ya tú te fuiste. Yo quisiera ser el que está ahí en cada una de tus mañanas, el que te ayuda a reir y el que siempre está presente en tus pensamientos igual que tú en los míos pero ese no es el caso. Entonces me siento todos los días a escribir sobre una musa que por más lejos que esté no puedo dejar de oler el olor que lleva en el pelo, y trato de llamarte con la mente y traerte de vuelta de alguna manera mediante mi escritura, pedirte que vuelvas en una carta que nunca vas a leer. Verdaderamente no sé cómo terminar este escrito así que te diré un último adiós por duodécima vez, y ahí lo dejo.

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